Errores de escritores principiantes
Escribir es un acto de valentía. Sentarte frente a una página en blanco y decidir que tus palabras merecen existir ya es, en sí mismo, un pequeño acto revolucionario. Pero seamos honestas: los inicios en la escritura están plagados de tropiezos, inseguridades y errores que todos cometemos. Yo también los cometí, y probablemente siga cometiendo algunos.
La buena noticia es que reconocer estos “pecados capitales” de la escritura es el primer paso para evolucionar como autora. No se trata de flagelarte por cada error, sino de entender qué te está frenando para poder avanzar con más confianza y autenticidad.
Si estás empezando a escribir —o si llevás años haciéndolo pero sentís que algo no termina de fluir— este artículo es para vos. Te cuento los siete errores más comunes que cometemos quienes escribimos, y cómo podés superarlos sin perder tu voz ni tu esencia.
1. La Soberbia: Creer que tu primer borrador es perfecto
El pecado: Terminar de escribir tu primera versión y pensar: “Esto ya está. Es genial tal como está”. La soberbia nos hace creer que nuestras palabras no necesitan revisión, que la magia ocurrió en el primer intento y que editar sería una traición a la inspiración.
La redención: Ningún gran libro nació perfecto. Hemingway reescribió el final de “Adiós a las armas” 39 veces. Tu primer borrador es solo arcilla: necesitás moldearlo, pulirlo, a veces destruirlo y volver a empezar. Aprendé a enamorarte del proceso de edición tanto como del de creación. La reescritura no es un castigo; es donde tu historia realmente cobra vida.
Tip práctico: Dejá descansar tu texto al menos una semana antes de editarlo. La distancia te permite leer como lectora, no como autora enamorada de cada palabra.
2. La Pereza: Depender únicamente de la inspiración
El pecado: “Hoy no estoy inspirada, así que no escribo”. La pereza disfrazada de romanticismo nos hace creer que las musas deben visitarnos para poder crear. Esperamos el momento perfecto, el estado de ánimo ideal, la frase brillante que lo inicie todo.
La redención: La inspiración es caprichosa; la disciplina es leal. Las escritoras profesionales no esperan inspiración, crean rutinas. No escribís solo cuando te sentís genial, escribís especialmente cuando no te sentís genial. Porque ahí es donde desarrollás el músculo de la constancia.
Tip práctico: Establecé un mínimo diario ridículamente alcanzable: 100 palabras, 15 minutos, una escena. Lo que sea que podás cumplir incluso en tus peores días. La constancia vence al talento.
3. La Gula: Querer contar todo en una sola historia
El pecado: Intentar meter en tu novela: tres líneas argumentales, siete personajes principales, cuatro giros de trama, dos mundos diferentes, un romance épico, un misterio sin resolver y tu filosofía de vida completa. La gula narrativa nos hace creer que más es mejor, que cada idea brillante debe entrar en este proyecto.
La redención: Una historia poderosa tiene foco. No necesitás contar todo lo que se te ocurre; necesitás contar lo esencial para esta historia. Aprendé a guardar ideas para otros proyectos. Tu novela no es un depósito, es un organismo vivo que necesita respirar.
Tip práctico: Preguntate: “¿Qué pasaría si elimino este elemento de la trama?”. Si la respuesta es “nada”, entonces no lo necesitás. La edición es un acto de amor, no de acumulación.
4. La Envidia: Compararte constantemente con otros escritores
El pecado: “Ella ya publicó tres libros y tiene miles de seguidores. A mi edad, [inserte nombre de autor famoso] ya había ganado premios. Nunca voy a ser tan buena como ellos”. La envidia es el veneno más silencioso: te paraliza, te amarga y te roba la alegría de crear.
La redención: Tu única competencia sos vos misma de ayer. Cada escritora tiene su propio ritmo, sus propias batallas y su propio camino. Comparar tu capítulo uno con el libro publicado de alguien más es injusto y destructivo. Enfocate en tu progreso, en tu voz única, en las historias que solo vos podés contar.
Tip práctico: Hacé un “blackout de comparación” durante un mes: no te compares con nadie, solo celebrá tus propios avances. Anotá cada pequeño logro: un párrafo que te salió bien, un personaje que cobró vida, un día de escritura constante.
5. La Ira: Rechazar toda crítica constructiva
El pecado: “No entienden mi visión. No son mi público objetivo. Están celosos de mi talento”. La ira nos hace defensivas ante cualquier comentario que señale fallas en nuestra escritura. Nos convencemos de que quienes critican simplemente no nos comprenden.
La redención: No toda crítica es válida, pero ignorarlas todas es un error. Aprendé a distinguir entre críticas constructivas (que buscan ayudarte a mejorar) y críticas destructivas (que solo buscan herirte). Las primeras son oro puro para tu crecimiento como escritora. Escuchá con humildad, procesá con criterio.
Tip práctico: Cuando recibas una crítica, esperá 24 horas antes de responder. Dejá que la primera reacción emocional pase y luego evaluá: ¿hay verdad en esto? ¿Cómo puedo mejorar sin perder mi voz?
6. La Avaricia: No compartir tu trabajo por miedo
El pecado: Escribís en secreto, guardás tus historias en carpetas que nadie ve, te convencés de que “cuando sea perfecto” lo mostrarás. La avaricia creativa nos hace acumular palabras sin compartirlas, protegiéndolas del mundo pero también privándolas de la conexión con lectores reales.
La redención: Tus historias no existen para vivir en soledad; existen para conectar con otros. Compartir tu trabajo es aterrador, sí, pero es también esencial. Cada historia que compartes es una conversación que iniciás con el mundo. Y solo compartiendo podés recibir el feedback que te hará crecer.
Tip práctico: Empezá de a poco. Compartí un fragmento con un amigo de confianza, publicá un microrrelato en redes, subí un capítulo a una plataforma como Wattpad. No necesitás exponer todo de golpe, pero sí necesitás empezar a mostrar tu voz.
7. La Lujuria (de tendencias): Perseguir lo que está de moda en lugar de tu verdad
El pecado: “Los vampiros están de moda, voy a escribir sobre vampiros”. “Ahora se lee mucho fantasía oscura con romance, cambio mi historia para que encaje”. La lujuria por las tendencias nos hace perseguir lo externo en lugar de lo auténtico. Escribimos lo que creemos que “vende” en lugar de lo que realmente nos mueve.
La redención: Las mejores historias nacen de la verdad personal, no de algoritmos. Escribí sobre lo que genuinamente te apasiona, te inquieta o te fascina. Los lectores detectan la autenticidad a kilómetros de distancia. Podés escribir dentro de géneros populares, sí, pero hacelo desde tu perspectiva única, desde tus propias obsesiones.
Tip práctico: Preguntate: “¿Escribiría esta historia aunque nadie fuera a leerla?”. Si la respuesta es sí, estás en el camino correcto. Si es no, tal vez sea hora de reconectar con tu verdadera voz.
El camino de la redención no es lineal
Ser escritora es un proceso de constante aprendizaje. Vas a caer en estos pecados una y otra vez (yo todavía lo hago), y está bien. Lo importante no es la perfección, sino la consciencia. Reconocer cuándo estás siendo perezosa, envidiosa o soberbia te permite corregir el rumbo antes de que esos patrones te paralicen.
Escribir es, en el fondo, un acto de fe. Fe en que tus palabras importan. Fe en que tu voz merece ser escuchada. Fe en que, pese a todos los errores y tropiezos, cada día que te sentás a escribir estás construyendo algo significativo.
No necesitás ser perfecta. Solo necesitás ser honesta, constante y valiente. El resto viene con el tiempo.
Tu turno de redimirte (y perderte en buenas historias)
Si llegaste hasta acá, es porque la escritura te importa de verdad. Y eso ya te convierte en alguien especial.
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Nos leemos del otro lado. 💜
¿Cuál de estos pecados te resulta más familiar? ¿Hay algún error que agregarías a la lista? Te leo en los comentarios.



